Clichés, estereotipos y lugares comunes
Aquí en Mexicalpán de las Tunas estamos en las postrimerías de la celebración de nuestra independencia. La noche del 15 de septiembre sucede algo que le llaman “El grito” (hay una película de Antonioni con ese nombre, por cierto). El (la) presidente en curso, se asoma por el balcón central del Palacio Nacional y, en efecto, grita varias veces “¡Viva México!” (y otras burradas) y toca la campana que, a su vez, tañó el cura Hidalgo en 1810; acto más bien simbólico que inició la guerra de independencia. El resultado de esa guerra, además de la cacareada independencia, fue el primer emperador mexicano: don Agustín de Iturbide. Y, también, un siglo marcado por el caos: un presidente que estuvo once veces en el poder (Antonio López de Santa Anna), dos invasiones francesas y una ‘campaña’ de los Estados Unidos, país que se adueñó de la mitad de México en 1848. (Por cierto, ¿les dije que ya terminé la novela intitulada La línea infame que justamente trata sobre el trazo de la nueva fron...